lunes, 13 de junio de 2011

LOS GAUCHOS DE BORGES


En la neutral ciudad de Ginebra, muy lejos de su Buenos Aires natal, murió Borges un 14 de Junio hace ahora 25 años.
He leído siempre con admiración y asombro a Borges, pero me reconozco incapaz de comentar su literatura. Lo hace imposible su impresionante cultura, sus conocimientos esotéricos y cabalísticos (en los que yo estoy pez), su dominio de muchas lenguas, su idealismo filosófico (yo soy aristotélica-tomista y pare de contar), su ironía e imaginación metafórica, y tantas cosas más.
Me pierdo -literalmente- en su Biblioteca de Babel, en su doble Quijote, en su humor inaccesible y surreal; en su jardín de senderos que se bifurcan (a la tercera bifurcación, ya estoy perdida); en sus laberintos que quedan tan bien ilustrados con los grabados de Escher.
Por eso hoy sólo quiero hablar de su cuento más realista, mi preferido: “Hombre de la esquina rosada”. En él se reproduce el mundo de los gauchos y su ambiente de galpones, aguardiente, chinas, navajas y honor machito. Aquí Borges sigue el rumbo de “Martín Fierro” y “Don Segundo Sombra”.
En apenas 10 páginas, Borges nos mete en un ambiente nocturno lleno de sensualidad y violencia, de brutalidad y muerte. El breve cuento se ilumina como con un trallazo por su último párrafo. Nada os contaré. Sorprendeos solos.
Dos hombres, frente a frente: Francisco Real (“Un golpe y una voz. El hombre era parecido a la voz”), y Rosendo Juárez (“los hombres y los perros lo respetaban. Y las chinas también).
Entre ambos, una mujer, la Lujanera.
Todos bajo “el farol sinvergüenza” en la noche:”Linda la noche. ¿Para quién?” Y la música que sale del galpón “La milonga, déle loquiar.Traía olor de madreselvas el viento”. Y en el local con“musicantes, güen beberaje y compañeras resistentes pal baile”,”el tango hacía su voluntá con nosotros”.
Tras el enfrentamiento, un huido y un muerto.”Traiba una herida fuerte en el pecho. Y que no es Rosendo ¿quién lo iba a creer?”
Ya advertí de la sorpresa final que cierra como un anillo la advertencia del principio. “es noche que no se me olvidará, como que en ella vino la Lujanera porque sí, a dormir en mi rancho, y Rosendo Juarez dejó, para no volver, el Arroyo”.
¿Cuánto se tarda en leer 10 páginas? Poca cosa. Lo malo es que te acostumbras a lo bueno y las lees unas cuantas veces por si se te había escapado algo. Y ya puestos te acostumbras a hacerle una lectura anual, por si se te había olvidado algo.

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