domingo, 8 de mayo de 2011

HANNA Y LA SUERTE

Basado en el cuadro  LA LECHERA DE VERMEER



Texto literario  base de un guión para rodar un corto ,realizado  por adolescentes .Ganó el Premio al mejor  guión  en el VConcurso de Clubs Juveniles"Un cuadro en el objetivo" .Si algún Profesor está interesado, le puedo enviar el guión para grabar un corto de 15 minutos.

Hanna Hoffmann era una joven sencilla que servía como criada en la ciudad de Ámsterdam. Su juventud y fortaleza le permitían llevar una vida dura, madrugando al alba, cargando con cestas de compra , lavando sábanas y guisando en grandes marmitas, pues la familia a la que servía era numerosa.

Todas las mañanas preparaba unas sopas de pan y leche para los niños de la familia.
Más tarde, tomaba su cesta y su capa y se iba al mercado, llevando una lista de cosas por comprar y un bolsito con dinero que le daba su señora.
Aquél día, Hanna bajaba contenta hacia la plaza del mercado. Compró pescados de plata, tomates rojos y repollos blancos. Aunque ese día no compró carne, el hijo del carnicero se acercó a robarle un beso al pasar, y  Hanna aparentó enfadarse, pero en realidad se puso muy  alegre.
Compró también sal y harina, así como leche y pan.
Cargada con todo volvía a la casa, cuando vio brillar en el suelo algo que parecía una moneda. Se agachó a cogerla y vio que era un talismán. Con cuidado, lo deslizó en el bolsillo de su delantal  y siguió su camino.
Aquél fue un día de mucho trabajo- en realidad como eran todos sus días-, y no se acordó del talismán hasta que, bien entrada la noche y dormido el último niño, pudo quitarse la ropa para dormir.
En el talismán había grabado un pez con una moneda en la boca, y la leyenda decía: “SOY TU SUERTE”.
Hanna era una chica inteligente, nada aficionada a la credulidad. No era soñadora, sino más bien realista.
Grande fue su sorpresa cuando al colgarse al cuello el talismán, apareció ante sus ojos un paje sonriente que le dijo:
-¿Qué  deseas, Hanna? Soy tu suerte, y te puedo conceder tres ilusiones: una para cambiar tu pasado, otra para tu presente, y una tercera para tu futuro”.
Hanna volvió su pensamiento a su pasado. Una familia numerosa,  pobre y humilde. Ropa sencilla, pocos caprichos, escuela escasa, mucho trabajo. Pensó y dijo : “¡Ojalá hubiese tenido unos padres ricos!”.

Se vio de inmediato a sí misma, de niña, en una casa rica. Estaba sola con una niñera. Sus padres le decían adiós, muy serios, desde lejos. Ella los llamaba, pero le decían que no. La niñera coqueteaba por la ventana con el jardinero sin hacerle caso...

Volvió al presente y dijo al paje: “Prefiero no cambiar nada de mi pasado. Al fin y al cabo es como es, y nadie lo puede cambiar. Además ,bien mirado, me gustan mis padres y la educación que me han dado. Pero sí me gustaría cambiar mi presente. Trabajo demasiado por un sueldo escaso. A veces pienso que me gustaría ser mi señora, pues tiene una bonita vida...”
Se vio entonces en la habitación de su señora. Estaba sola, con la cuna del bebé cerca. Triste, miraba los bolsillos de la chaqueta de su marido, y sacaba una cartita azul que decía: “ Te espero esta noche a las 10.Tu niña del alma , Corina”. Rabiosa, tiraba la carta. El niño empezaba a llorar. Ella lloraba también y lo acunaba.

Volvió a su cuartito, tan pobre, y le dijo al paje : “Creo que tampoco quiero cambiar mi presente. No estoy tan    mal. De hecho creo que lo único que quiero cambiar es el futuro.”

Hanna como sabemos tenía un novio carnicero: se llamaba Hans y tenía 22 años. Estaban muy enamorados , y pensaban casarse pronto, cuando sus padres estuvieran conformes.
Pero Hanna desoyó a su corazón y dijo al paje: “Estoy cansada de ser pobre, me gustaría que Hans fuera noble y muy rico, y yo ser una señora y tener criados y vestidos...Me encantaría que todos hablaran de mí y ser famosa...”
Se vio entonces asomada a una rica ventana, vestida con ropas lujosas. Al pie de la ventana, sin verla, hablaban dos criadas:
“La condesa es más mala que el diablo, Dios me perdone; antes no era así”.
“Sí, cada día es más orgullosa, desprecia a todos y no escucha a nadie”.
“Eva, sigue mi consejo: búscate otra señora más caritativa. Ella sólo se quiere a sí misma”.
“Es verdad, Gertrut; la riqueza ha arruinado su corazón. Ahora está envenenada...”.

Hanna se vio de nuevo en su cuartito. Sonrió al pajecillo y le puso en el cuello el talismán.
-¿Cómo te llamas?
Me llamo Gualterio.
Gualterio, te pido una cosa: llévate el talismán y déjame seguir mi vida. Tengo mi juventud, tengo salud, tengo esperanza en el futuro, tengo fe en el Cielo que me protege. No cambies mi destino. Pero te ruego que esta noche vayas junto a mi novio Hans y  le digas al oído que su Hanna le quiere, y desea que nuestra boda sea muy pronto. ¿Lo harás?.
¡Veloz como el rayo! Hans tendrá hoy un bonito sueño en el   que verá la cara sonriente de su novia.

Y desapareció.

A la mañana siguiente, Hanna se levantó muy temprano, se puso su corpiño amarillo, su falda roja y su delantal azul. Colocó bien su cofia blanca  y se remangó las mangas. Fue a la cocina, cogió el jarro de la leche  y se puso a preparar el desayuno de los niños.

                                               

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